Románico de Cantabria
Románico de Cantabria o románico cántabro[n 1] son distintas denominaciones bibliográficas[2] para una subdivisión del arte románico en un territorio cuya homogeneidad geográfica, histórica y cultural ha permitico identificar rasgos estilísticos propios, aunque sean en gran medida coincidentes con los del románico castellano o los del románico asturiano. Territorialmente coincide con la actual comunidad autónoma de Cantabria, que en la época (siglos XI y XII) formaba parte de la entidad política primero llamada condado y luego reino de Castilla, y que durante el Antiguo Régimen recibió también otras denominaciones como Asturias de Santillana o La Montaña.
Para algunas fuentes, el románico de la zona, frente al de otras, se caracteriza por su «pobreza» y lo «modesto» de sus obradores, lo cual se refleja en la imaginería, representada únicamente por un corto número de imágenes del Crucificado y de la Virgen, ya del siglo XIII».[3]
En ausencia de una diócesis propia (pertenecía a la diócesis de Burgos), las principales entidades eclesiásticas eran los monasterios (Santa María de Puerto de Santoña o Santo Toribio de Liébana) y las colegiatas:[4] abadía de los Cuerpos Santos (transformada posteriormente en colegiata y por último en la actual catedral de Santander), colegiata de San Martín de Elines, colegiata de Cervatos, colegiata de Santillana del Mar y colegiata de Castañeda. «Las cinco colegiatas de Cantabria son netamente diferentes entre sí, a pesar de estar construidas entre el último tercio del siglo XI y mediados del XII».[5] «Ambas colegiatas tienen sus valores propios que atribuyen a una u otra la supremacía del arte románico en la provincia de Santander. Santillana aventaja en su elegancia interior... en Castañeda hay más robustez.»[6] Por todo el territorio, tanto en el periodo del románico pleno como en el del tardorrománico del siglo XIII, se levantaron iglesias concejiles de fuerte personalidad y notable calidad en su cantería (sillares, arcos, talla de los capiteles y decoración escultórica), con distintas características según las zonas (valle de Campoo, Valderrible, Valdeolea, Liébana, Besaya, valles Pasiegos, costa, etc.)[7]
- San Martín de Elines.
- Santa Cruz de Castañeda
- Ídem.
- Santa Juliana de Santillana del Mar
- Ídem.
- Ídem.
- Ídem.
- Ídem.
- Cervatos.
Hasta hace relativamente poco tiempo, los estudios sobre la zona eran escasos. Todavía en 1975, el historiador del arte Juan José Martín González indicaba esa carencia, a excepción de la obra del principal erudito local: «No existe monografía de conjunto sobre el románico en la provincia de Santander. En la guía de Simón Cabarga (Santander y su provincia, 1965) falta la bibliografía».[8] Desde finales del siglo XX y en el siglo XXI, esas carencias se han ido compensando con la iniciativa de investigadores como Miguel Ángel García Guinea, y el desarrollo de proyectos como el Centro de Interpretación del Románico en Cantabria en la iglesia de Santa María la Mayor (Villacantid) o el denominado "País Románico".
Véase también
Notas
- También conocido como antiguamente románico de Santander o románico santanderino durante la vigencia de la provincia de Santander (1833-1982).[1]
Referencias
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- Miguel Ángel García Guinea, El románico en Santander, Librería Estudio, 1979.
- El arte románico en Santander en Luis Suárez Fernández y otros, La Edad Media en Cantabria, Institución Cultural de Cantabria, Instituto de Arte Juan de Herrera, 1973.
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- Enciclopedia del Románico en Cantabria, Fundación Santa María la Real, Centro de Estudios del Románico, 2007.
- Walter William Spencer Cook y José Gudiol Ricart, Ars Hispaniae: historia universal del arte hispánico, 1946, vol. 6, pg. 369.
- María Eálo de Sá, El románico de Cantabria en sus cinco colegiatas, Diputación Provincial, Institución Cultural de Cantabria, Centro de Estudios Montañeses, 1978 (habla en realidad de seis edificios)
- Eálo, op. cit., pg. 88.
- Luis María de Lojendio y otros, Rutas Románicas en Cantabria, pg. 88.
- Arteguías:
- Juan José Martín González y otros, Castilla La Vieja, León, Fundación Juan March, 1975, vol. 1, pg. 354).